Kill Bill, Pulp Fiction y mi amor por el cine

por Jesús Brijandez



Para algunos, la vida viene en ciclos. Ya sea que: se repitan, en cuyo caso, mi más sentido pésame, o, que simplemente se cierre uno para dar lugar a otro. Nunca he sido tan místico respecto a estas cosas pero el pasado viernes, primero de abril, fue estado-alterante. Curiosamente, la realización no llegó con Kill Bill, la función estelar de la noche, sino unas cuantas horas después.


Kill Bill: The Whole Bloody Affair, el poster épico de Tyler Stout.

No era la primera vez que la veía, bueno, si como el sangriento asunto completo. El problema fue que ya sabía cómo pasaban las cosas. En cierta medida pude remontarme a cuando la película no era predecible. Fue en un teatro aquí en Tijuana cuando todavía era menor de edad. Compre tickets para El Talisman, la película cagada de Jackie Chan. Me perdí los créditos iniciales por encontrar la oportunidad de escabullirme a la sala. Fue una exhibición decente supongo. No el pasado fin de semana en el New Beverly de Los Ángeles. La gente enloqueció con cada escena. Las movies tienen que verse justo como se vio Kill Bill esa noche. Tal vez no un Dogville o Eyes Wide Shut por que creerán que estás enfermo, pero una celebración al fanboy, hecha por y destinada a, como lo es la cuarta película de Tarantino, querrás verla en una casa totalmente empacada, gritando cada que The Bride rebana una extremidad de los Crazy 88.

Hablando de eso, ver la secuencia de la pelea, originalmente mostrada en blanco y negro (incluso en la única versión de DVD legal que existe en América) en completo tecnicolor, era uno de los momentos más esperados de la proyección, al menos para esa gran mayoría que no estamos conscientes de un pequeño invento llamado "Youtube".


La secuencia a todo color.

Terminó el volumen uno. De no haber sido por el Grindhouse, la oda Rodríguez/Tarantino al cine de antaño, habríamos encontrado un inmenso placer en el retorno del intermedio. Quince o veinte minutos libres con un letrerote en la pantalla leyendo “Intermission” para salir por las palomitas y refrescos más baratos que hay, incluyendo los de acá en el tercer mundo. El segundo tiempo llegó como va. Sin créditos ni introducciones. Regresamos justo donde la primera parte nos dejó. Otras 2 horas de Kill Bill, volumen 2. La pelea que más aplausos obtuvo, como lo imaginarán, fue el versus entre Uma Thurman, la mamba negra y Darryl ¿Por qué no está haciendo más películas esta mujer? Hannah, la serpiente de los montes californianos.

Afortunadamente llegamos al cierre de la película, lo cual me permitirá continuar con mi punto sobre los ciclos. Pues The Bride, también conocida como Beatrix Kiddo, se enfrenta a Bill en los últimos minutos de la historia. Esta cerrando la puerta que se abrió antes de las 4 horas de venganza. Una meta personal de “La novia” estaba a escasos minutos de consumarse. Una mía también.



Verán, yo no naci como el cinéfilo empedernido que conocen ahora. Si me gustaban cosas como Star Wars o Jurassic Park era porque son espectáculos para la retina y de alguna manera, el alma y creatividad de un jovencito se nutren por ellos. En algún punto de esa evolución tuve oportunidad de ver Pulp Fiction en la tele. Tan pronto como la película se terminó, no sé cómo, pero supe que había encontrado mi película favorita de toda la vida.

Esa misma navidad tuve una gift card de 20 dólares con la cual me compre la collector’s edition de 2 discos. Por algunos años, se volvió una tradición ver Pulp Fiction al menos una vez al mes. Me volví fan de Tarantino y empecé a darle al resto de su filmografía. A veces, mas ahora, me pregunto si mi acercamiento al cine pudo haber sido menos tradicional. Con algo mas dark y exclusivo. En ese momento nunca había levantado un libro sobre cine. La internet era esa cosa en la computadora que, según decían, solo servía para ver porno y descargar música. Fue por Tarantino que descubrí a Godard, el film noir, a Jess Franco, el exploitation y todo ese stuff que ahora me define como cinéfilo.

En fin. Durante todo ese tiempo, y lo tuve que superar eventualmente, solo tenía un pesar: que nunca tuve la oportunidad de ver Pulp Fiction en el cinema. Tenía 7 años cuando salió, lo entiendo, pero creo que eso lo hacía más lamentable. Que estuvo, y mientras no encontrara una maquina del tiempo, estaría fuera de mi control. Siempre he mantenido la teoría de que en realidad “nunca hemos visto cine”. La mayoría de nuestras películas favoritas las hemos visto en VHS o DVD (o BluRay, ricachón) pero nunca, hasta hace apenas recientes años y la aceptación del video-cine, en el formato original concebido por el realizador. En el cine. En una sala con gente. Una pantalla gigante. El ruidoso carrete del proyector. Las palomitas y la soda.



El sábado 2 de abril, recién llegada la media noche, vi Pulp Fiction como hace más de 10 años lo había deseado. Puedo entender la parte donde esta realización suena ridícula. Tal vez lo sea. Yo solo sentí el cierre de un ciclo que aun no sé exactamente lo qué significa. Recordar y citar hacia adentro cada línea de dialogo, como hace ya unos ayeres; en una revival house, llena de fanboys (and girls) que al igual que yo, hemos visto esta pelicula mas de mil veces; trajo uno de los mejores momentos de mi vida.

Gracias, cine.

Jesús Brijandez - jueves, 7 de abril, 2011
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Yo.

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